La nueva vieja escuela

June 15, 2022 12:24 pm Published by

vieja escuela

Si bien respeto mucho a la vieja escuela, creo que en ciertos puntos ya es hora de dejarla morir.

¿Y por qué? Una sencilla razón, no es que no apreciemos lo que ha hecho por el diseño, sino que anteponiendo una visión de más de cien años a nuestra praxis (en el caso de la bauhaus) tendemos a obviar como los cambios de nuestra época están influyendo en la percepción moderna y multidimensional de un diseño que ya habla de negocios, de gestión y de tecnología de una forma más profunda y compleja que hace un siglo atrás.

Todos, quienes participaron de estos cambios de pensamiento, marcaron a su modo una ruptura con los modelos tradicionales y logaron dar una nueva perspectiva a la praxis del diseño desde las bases de la técnica, metodología, teoría, fundamentos y filosofía del diseño, la que nos permitió marcar puntos de referencia en la historia de nuestra profesión.

¿Pero porque es necesario dejarlos morir? O al menos sacarlos de la punta de lanza del hacer diseño; por una sencilla razón, debemos avanzar tal como ellos para hacernos cargo de las nuevas visiones y sigmas por las que nuestra profesión se ha visto afectada en las dos décadas y sumando, que llevamos del siglo XXI.

Cuando uno deja morir no olvida, recuerda con respeto y se hace eco de la entereza y valentía de quienes pudieron luchar contra lo establecido y quedan de ejemplo inmutable para las nuevas generaciones, del coraje que debemos tener para seguir anteponiéndonos a los elementos socioculturales que se resisten al cambio.

La vieja escuela es un referentes de una nueva mirada al diseño y sus capacidades, pero no una pauta de cómo se debe diseñar en el siglo XXI. Perpetuar una mirada centenaria del diseño, es una visión, que sin duda nos resta capacidades ante una praxis que se abre cada vez más hacia fusionarse con el entorno y las profesiones que lo rodean.

Podemos inspiramos en la sencillez y genialidad de sus obras, pero no replicarlas a mansalva; podemos guiarnos por sus principios rectores, pero trayéndolos a la realidad y contexto de nuestro medio, no tomándolas como un credo irrompible.

Las ideas que estimulan la creatividad, la capacidad de reaccionar a los cambios tecnológicos y sociales de una forma radical es la quintaescencia de los pioneros que nos mueven a seguir adelante y que nos inspiran desde el pasado.

El diseño tiene la virtud de ser una de las profesiones que es más receptiva y reactiva a los cambios de la sociedad y el mercado; virtud que le permite una gran plasticidad de ideas y métodos, y así mismo el replantear su futuro como tal.

Hoy el diseño evoluciona hacia un punto donde diverge hacia ser parte importante de todo, no solo de productos o servicios, sino hacia la gestión y creación de nuevo valor. Ya no es raro hablar de diseño y negocios o de diseño y legal, temas vetados y bien delimitados hace un par de décadas. Ya no es raro entender la gestión del diseño separada de la gestión empresarial o la toma de decisiones estratégica; entender al diseño como herramienta que trabaja en conjunto con los gobiernos y estados ya es una realidad; una que nos gusta, pero que nos resistimos a soltar.

¿Y porque ese temor al desapego? Quizás porque esta misma vieja escuela, nos dio tanto sustento y diferenciación como elementos creativos antaño, que quizás, lo que nos hace distintos al resto, es lo único que no queremos dejar ir.

Es hora de soltar.