Los muros invisibles del diseño

September 21, 2021 3:59 am Published by

mercado

“El mercado no es un invento del capitalismo. Siempre ha existido. Es un invento de la civilización.” – Mijaíl Gorbachov

Desde hace mas de cien años que hemos ido construyendo alrededor de la idea del diseño, distintos cimientos para hacer de su praxis una certeza sobre lo que es, representa y puede lograr.

El diseño es una herramienta que desde que se “ordeno” en una profesión que aunó sus bases para darle una forma coherente a los principios, su fundamento y teoría y, que se ha ido permeando de sus progenitores como la teoría económica, mercado, marketing, gestión, filosofía, psicoanálisis y etnografía entre otros, que han ayudado a cimentar una profesión que pareciera ser la herramienta perfecta para los fines necesarios de cualquier cultura, política o sociedad.

El diseño es todo menos libre. Y lo que creíamos entender como diseño no es más que una practica que responde a las necesidades mercantilistas de intereses de terceros en un constructo tan complejo y entrelazado, que es difícil de dilucidar sin entender cada uno de los muros que a su paso el diseño ha ido creando a su paso por distintas épocas y es lo que intentaré hacer en distintas entregas.
Puede sonar duro y brutal, pero es mi voluntad el poder separar aguas para que quienes somos parte de esta maquina llamada diseño, podamos entender y recrear la idea de lo que crear para las solución de problemas o necesidades significa más allá de la profesión y sus herramientas, metodologías y técnicas.

Hoy nos encontramos supeditados a lo que el primer y mas grande de los muros- el mercado-, ha creado alrededor de nosotros como diseñadores.

Parte 1: Mercado

El diseño nace como tal – con nombre y función- en los albores de la revolución industrial en la Europa del siglo XVIII, nuestra gestación es un traje a la medida para un mercado industrial necesitados de nuevos productos de consumo para saturar los mercados mundiales; el germen del modelo mercantilista – reventa de productos no creación de valor- que forjo las grandes fortunas mundiales.

La ornamentación identidad y calidad que la artesanía le imprimía a los productos, fue la piedra sobre su tumba, ya que la capacidad industrial comenzó a instaurar los principios de la eficiencia productiva -cantidad- por sobre la calidad de sus productos seriados, solo con la llegada del interés de la clases más acomodadas por estos productos -muy toscos- se comenzaron a gestar los movimientos Arts and Crafts que daban una solución estética a un segmento de mercado especifico.

Este nuevo y rentable mercado, llevo a los artistas ya en el declive a reinventar las escuelas de artes en escuelas que fusionaban las acciones de la artesanía, la arquitectura y arte, para comenzar a trabajar en los nuevos mercados emergentes.

Este es el punto de no retorno y donde el arte, artesanía, la capacidad proyectual, la creatividad y todas las que se consideraban aptitudes propias del ingenio humano comenzaron a identificarse única y exclusivamente con las que hoy denominamos las carreras “creativas”; termino que usamos en la publicidad, diseño, arquitectura y lo que tenga que ver con los medios en que el mercado hace llegar estos productos al mercado.

Somos hijos de un modelo que convirtió la creatividad en un activo de la capacidad del producto para ser atractivo a un “cliente”, otro rol clave para mantener el modelo económico del mercado en marcha. Sin productos y sin clientes, el intercambio comienza a ser libre y se supedita a la libertad de la necesidad real, por sobre la oferta y demanda “controlable”. El mercado intenta justificarse como un modelo de orden por sobre el tránsito de mercancías para mantener las necesidades de los clientes satisfechas, por lo que necesita de estas para justificar el saturarse de nuevos y deseables productos que ya no solucionan problemas, sino que satisfacen necesidades artificiales, creadas desde la emoción y la sensación intangible del estatus mediante la resignificación de los símbolos convertidos en productos de consumo, del marketing como su medio de promoción y del ser humano ahora como un cliente en constante necesidad de estos.

Los sistemas crean realidades según como las sociedades se significan y entienden a sí mismas (emprendedora, innovadora, creciente, de primer mundo), esta idea de orden les da el contexto y la capacidad para crear los modelos sociales, culturales y simbólicos que terminan por guiar a sus integrantes y a las profesiones, en la dirección de esos ideales.

Hoy seguimos creyendo que somos los jaguares de Latinoamérica, el país en vías de desarrollo, midiéndonos con los índices OCDE y modelándonos y a nuestra profesión, para resolver las necesidades que aspiramos a tener de las sociedades con las que nos comparamos.
El diseño como herramienta, técnica, método, filosofía, teoría y fundamento, no se hace justamente las preguntas que responden a todas estas formas que lo componen.

Hablamos de empatía con el ser humano, pero seguimos vendiendo productos a clientes, seguimos hablando de valor y no sabiendo crearlo de forma sostenida.

Seguimos esclavizados a lo que el mercado demande de nosotros, donde nuestro modelo formativo se basa en las competencias que el mercado requiere de nosotros, antes de entender que es lo que nosotros le podemos aportar al ser humano que lo habita.

El diseño debe morir en su concepción bauhausiana de 102 años, para repensar, cual es el tipo de ser humano moderno que debe proyectar hacia el futuro.

Quizás esa sea la única forma de salvarlo.

Rafael Chávez S.
Director/El Diario Diseño