Los muros invisibles del diseño II

September 27, 2021 2:34 am Published by

red

“Hacer siempre lo que quieren los clientes es un gran error” -Michael E. Porter

 

Parte 2: El Marketing

Soy un defensor del marketing y tal como vimos en la primera entrega de esta serie, mi intención es poner en el ojo de la profesión del diseño, el entendimiento de los elementos que lo conforman, potencian y dan forma actualmente. Y claramente debemos ver las partes positivas y negativas de cada elemento para entender como ello afecta la forma en que el diseño es visto, entendido y practicado por consumidores y diseñadores.

Nos referimos por los muros del diseño a todas estas estructuras teóricas de las cual rescata alguna parte y que le dan un marco de referencia general para su actual forma de ser como profesión y, ser como percepción a los demás.

Hijo prodigo del mercado, el marketing nació casi a la par de que los mercados tomaron conciencia de su propia existencia. Toda la historia de la humanidad, desde las formas mas simples y primitivas del mercado hasta el día de hoy, hemos hecho gala de las diferencias y ventajas -competitivas y comparativas- que podemos sacar de nuestros productos y/o servicios ante los ojos de los clientes/consumidores. Es ese momento clave de diferenciación donde se gesta el deseo, la codicia y la reacción emocional ante el querer -antes que necesitar- algún nuevo producto o servicio, para que llene nuestro vacío, sea cual sea este.

Diseño y marketing comparten la infame “chapa” de “creativos”, donde pareciera que su única virtud tangible seria la de resolver un problema mediante la capacidad diferente de ver las cosas. Y si bien se da la ocasión de aplicar este recurso, debemos entender que se debe más a un desarrollo metodológico de factores en función de una investigación de mercado y sus requerimientos, que a una mera reacción de genialidad espontanea como algunos creen.

Supongo que muchos de ustedes habrán escuchado lo de “pensar como diseñador” o del “Design Thinking” como metodologías “creativas”, pero la verdad es que muchos de los diseñadores que actualmente desarrollan la profesión serian incapaces de explicar de forma simple que elementos conllevan el pensar como tal y que es lo que los demás entienden por esto.

El diseño ha tomado mas seriedad por la visión que los mercados y la teoría económica de la gestión empresarial ha generado en él, que la que ha podido generar por si mismo como profesión. Es por esto que todo proyecto que intenta promover las virtudes del diseño debe necesariamente hacer gala de las cifras económicas asociadas a la aplicación de este.

Cuando tus ventas son el validador de tu eficiencia, deberíamos empezar a preocuparnos por como nos vemos. Quizás no te parezca insensato, pero no es más que otra forma de evidenciar la influencia que el mercado tiene por sobre el valor de una praxis, cuando debiese ser todo lo contrario. Lo pongo en un ejemplo para que se entienda mejor: ¿Eres mejor medico porque ganas mas dinero? Hasta el peor de los médicos, gana un buen sueldo y ese no es parámetro para medir su efectividad o la calidad de su praxis.

Volviendo al marketing y para cerrar la idea expuesta; hoy nos validamos en relación a promesas de valor, no a su creación. Hemos llegado a la descabellada idea de que es culpa de la publicidad engañosa el que un producto no entregue el valor prometido, ya que confiamos más en la promoción de sus características que en exigirlas de quienes las producen.

El marketing promociona las características y promesas de un producto, pero no pone las manos al fuego por él y aun así seguimos confiando mas en lo que vemos, que en lo que hacemos tangible con el cumplimiento de una promesa de valor agregado que se transforme en valor creado real para solucionar un problema o necesidad.

Nos hemos achanchado como profesión, dejando muchas veces en manos de la promoción del producto la ultima etapa de creación de un valor etéreo que se liga a lo emocional para vender y hacer deseables precarias propuestas de valor de productos que evocan mas que lo que cumplen y que son la razón de la pandémica y exponencial saturación de los mercados con productos de dudosa calidad, manufactura, utilidad y valor que están matando nuestra industria, planeta y endeudados bolsillos.

Vender aire ya no es una cualidad de los “vivos y pillos” es una mala practica que nos limita a repetir los errores de otros, en el afán de enriquecernos antes que crear valor.

Y claramente estamos para más que eso.

Rafael Chávez S.
Director/El Diario Diseño