Habitar la incertidumbre

May 31, 2021 12:16 pm Published by

rorschach

Estamos inmersos en lo profundo de la era de la automatización y la pandemia. Las tareas cotidianas que una vez llenaron nuestros días son realizadas y entregadas casi instantáneamente por máquinas y las IA que ya parecen ser parte de la nueva normalidad que llegó en el momento preciso para ser adoptadas sin mayor problema.

Siempre hemos hablado de lo que seriamos capaces de hacer si tuviéramos más tiempo, del como nuestra capacidad creativa, esa que parece dormida o mermada por las tareas tediosas del diario vivir y trabajar desde casa, se pudiesen alivianar y dejarnos ese tiempo que siempre hemos deseado, para esas cosas que siempre hemos querido hacer.

Hoy nos enfrentamos al nuevo paradigma del tener el tiempo y tener que ir dejando de lado las cosas que nos gustaría hacer. Siempre vimos la casa como el lugar propio y de desconexión del trabajo. Hoy oficina y casa son lo mismo, lo publico y privado se mezclan y, de pasada lo hacen con nuestra percepción del espacio y tiempo que podíamos darnos para lo que nos desconectaba, de lo que ahora es un continuo habitar del mismo espacio.

Volver del trabajo, tener el fin de semana para trabajar y poder darnos el tiempo para nosotros es algo que se ve lejano y anecdótico. No es que la gente no se de tiempos para salir de la rutina; sino que ahora el espacio y el tiempo es limitado como para poder usar otros contextos, y la obligación a usar el mismo espacio para todas las tareas termina por confundir a un ser territorial que ha vivido por años nutriéndose de los distintos espacios que habita y que por ahora va en camino directo a cumplir dos años en un encierro forzado por el mismo entorno que lo nutre y que ahora hace inseguro su habitar.

Hemos debido dejar espacio y abrir la capacidad de adaptarnos hacia las tecnologías, pero parece que el limite se ha vuelto tan difuso, que esta relación este comenzando a mermar nuestra capacidad creativa. Y por favor no confundir capacidad creativa, con capacidad de irritabilidad; si bien podemos ser creativos en la formas de adaptarnos, es muy distinto a logar hacerlo.

Las ideas de una sociedad liquida y cansada que plantean Zygmunt Bauman y Byung-Chul Han parecen hacerse terriblemente evidentes.

Muchos aun no se adaptan. Y quienes creímos que lo harían con mayor facilidad o dificultad, son quienes nos han sorprendido al romper nuestros presagios. Tengo alumnos de veinte años, que no han podido adaptarse a las clases digitales, mientras que mi padre de setenta parece haberse encontrado con la horma de su zapato. Las realidades son distintas y variadas, pero no deja de sorprendernos los estragos o beneficios que el habitar el mismo espacio durante veinticuatro horas y mantener una rutina de trabajo, ha causado en nuestras vidas, comportamiento, desempeño, relaciones humanas y creatividad.

Creímos que la tecnología nos daría mas espacio y tiempo para hacer lo que quisiéramos, pero no siempre el espacio libre significa un trabajo más profundo y abundante para todos.

La automatización tiene sus pros y contras; pero lo más importante ahora es tener en cuenta esta dualidad en la cual nos movemos y no ponerla como una norma del mercado, ya que si bien los espacios virtuales y el trabajo colaborativo parecen ser la formula dorada, siempre tendremos que tener en cuenta el factor humano y de como el pensamiento profesional, se mescla con el personal, humano, familiar y los cientos de matices con que reaccionamos a los estímulos de un medio que se ve por momentos más incierto que claro.

Pasamos de la idea generalizada del potencial de hacer que el futuro del trabajo sea más creativo en casa, a que fuese un continuo loop, cuan día de la marmota. Ganamos habilidades que nos enseñan a ser ambidiestros en nuestro enfoque profesional y social, pero debemos estar atentos a la discapacidad emocional que nos puede estar acarreando todo esto.

La gestión de las emociones y el control de la salud mental, serán sin duda un tema del que algunos saldrán más fortalecidos que otros, y que cambiará la forma de afrontar los desafíos profesionales en los años venideros.

¿Cuántos volverán a la oficina o a la universidad? ¿Cómo será esa adaptación? Por ahora todo es especulación sobre una nueva realidad que nos espera en un futuro cercano.

Solo sé que hay una huella dactilar no algorítmica en el proceso humano que puede que nunca sea reemplazada por una TIC o IA. Y que la forma con que afrontemos las formas de hacer diseño y de interactuar con los dolores de las personas; sea cual sea la tendencia que predomine, cambiarán la forma de nuestra profesión de forma indeleble.

A estar listos para lo que venga.

Rafael Chávez S.
Directo/ El Diario Diseño