La innovación como sistema autopoietico

May 10, 2021 4:31 am Published by

mc escher

¿Qué comenzó, cuando comenzó la vida? Con esta pregunta surgida en las aulas donde el profesor Maturana dictaba clases de medicina, se gestó la que sería una de las respuestas más significativas para el cambio del paradigma del entendimiento del ser humano. La autopoiesis.

El ser humano surge de si mismo y como tal, se auto crea, modificando su apariencia a medida que crece como ser manteniendo el espíritu de lo que lo hace ser, imperturbable al cambio físico que sufre en su exterior. Algo así como la paradoja de Teseo, donde a pesar de que el exterior cambia, mantiene la identidad como sistema unificado, donde lo externo gatilla los procesos de cambio internos sin cambiar lo que se es.

Hasta el día de hoy se sigue igualando el concepto de innovación al de novedad, donde todo lo novedoso o nuevo es casi por defecto innovador; una visión un tanto miope del proceso que en sí mismo comprende este “fenómeno natural” del cual nos gusta ver solo una parte.

La academia y el mercado nos dicen que, para ser considerado innovación, un producto debe al menos conjugar tres factores: crear valor; uno principalmente económico a su gestor y tener demanda. Y si bien eso nos habla de la parte comercial con la que usualmente evaluamos los nuevos productos y servicios en el mercado, nos resta por entender el proceso por el cual se gesta la innovación, lo que nos pone a merced de otro mito muy arraigado: todo nace de las ideas y la creatividad.

Si bien no es falso que las ideas y la creatividad sean un ingrediente relevante en este proceso de generación de innovación, seguimos viendo los componentes por sobre los procesos y es ahí donde el maestro Maturana entra en la ecuación. ¿Cuál es la pregunta de la cual la innovación es la respuesta?

La innovación nace desde un proceso natural; la observación critica a lo creado con antelación, donde esta capacidad critica es la que nos permite auto crear una mejora a lo existente mediante los procesos de ideación y creatividad, que guiados por el método, se transforman en las nuevas propuestas de valor, capaces de ser aplicadas y medidas para demostrar su evolución por sobre su predecesor a la vez que mantienen la esencia del valor y la utilidad que prestan como producto o servicios al servicio de una necesidad.

No nacen nuevas necesidades, sino que evolucionan con relación a la complejidad de su contexto, al igual que las soluciones que se entregan a ellos, lo que hace de estas un sistema que se auto crea así mismo para evolucionar frente a lo que su entorno gatilla en él.

La innovación es la respuesta orgánica equivalente, a la evolución de la complejidad de las problemáticas humanas en relación con su desarrollo como seres complejos y sistémicos. ¿Qué otro ser vivo es capaz de innovar? No de mutar, no de adaptarse, de innovar desde el proceso crítico, yo, no lo conozco.

La innovación será siempre la respuesta de un sistema dinámico que se crea a sí mismo como respuesta a la necesidad de su entorno, con una respuesta evolucionada y adaptada a los cambios.

La innovación existe, solo si constantemente nos preguntamos sobre nosotros mismos, y quizás en ella radica nuestra subsistencia como especie.

No dejemos nunca de cuestionarnos todo.

Rafael Chávez Sepúlveda / Director El Diario Diseño.


  • Marcia

    Buenísimo!!!! Confluyo y concuerdo con los cambios y la transformación de los procesos de innovación, los cuales deben ir cambiando también, la autocreación de nuevos paradigmas según la evolución del mismo ser humano como ente social….