El costo de un nuevo diseño.

April 26, 2021 12:50 pm Published by

jaula mental

El diseño puede aportar herramientas conceptuales y metodológicas de indudable valor para explorar los posibles escenarios futuros y afrontar los retos que nos aguardan ¿pero como se hace cargo de llegar a ese futuro? ¿Quiénes quedarán en el camino?

Desde octubre de 2019 nos encontramos en un “estado de incertidumbre” del cual aprendimos a adaptarnos más rápido que cualquier situación de emergencia que hallamos vivido antes. El sisma social, reforzado por la pandemia, cambió nuestra forma de percibir una sociedad que despertaba y que necesitaba de la calle como su medio de expresión natural.

Ahora, en un encierro forzado, contenemos las ganas de salir y buscamos las formas de congeniar el anhelo por una antigua normalidad, mientras nos encontramos en la búsqueda de una nueva, con esa rara sensación de cuerpo y mente de no entender muy claramente como lo lograremos desde nuestra actual situación; un caldo de cultivo perfecto para la ansiedad.

Es verdad que las nuevas formas de relacionarnos nos han ayudado a romper la pared de la individualidad; que el trabajo en grupo ha demostrado ser una herramienta potente y coordinada como arma para una industria que le sobra mercado para quien se atreva a superar el miedo a las nuevas formas de hacerlo; pero no todo es tan perfecto ni de manual.

El miedo a lo nuevo se está convirtiendo en un freno a la capacidad creativa e innovadora del diseño y, su droga es un pasado donde todo era mejor. Para muchos es difícil el adaptarse a las nuevas formas de hacer diseño, de trabajar en grupos y de relacionarse con la tecnología y su inherente capacidad productiva, sobre todo cuando la misma ansiedad ya no te deja dar ese paso hacia lo desconocido que antes no te habría costado tanto dar.

A nadie le gusta que le muevan la jaula, que lo saquen de su zona de confort y la pandemia se ha convertido en un domador de fieras que no se cansa de picarnos con un palo, mientras nos encontramos encerrados con una mezcla de miedo e impotencia y sin poder responderle a un ser que, aunque invisible, nos sigue golpeando con fuerza justo donde nos duele.

La reacción al cambio ha sido un factor alienante que tendrá un efecto a largo plazo para las nuevas formas de hacer y pensar las formas de hacer diseño; pero lamentablemente no para todos.

Siempre suena muy bonito hablar de que la adaptación al cambio, al buscar nuevos quesos – como diría Spencer Jhonson- para muchos un simple cambio de actitud y predisposición, pero sabemos que en el papel todo funciona mejor que en la realidad. Muchos han perdido sus trabajos y muchos simplemente no pudieron adaptarse y prefirieron tirar la toalla por el peso, psicológico, social, económico y cultural que les implica romper un el paradigma de su entendimiento de la nueva normalidad que nos gobierna.

En la sociedad del rendimiento, la reticencia al cambio se interpreta como síntoma de debilidad sin puntos medios. Y actitudes como el positivismo toxico del “Tienes que estar bien” son alicientes para que este tipo de cosas pasen. Si bien no podemos detener el progreso de las que vislumbramos serán las nuevas normalidades, también debemos al menos tratar de entender las razones de quienes se están quedan en el camino.

¿Será esta la forma que nos obligue a actualizar el mercado del diseño? Puede ser cruel hasta pensarlo, cuando lo mas probable es que conozcamos a más de una colega que acostumbrado al café con el cliente o a sus alumnos en el aula, se vea perdido tras la indiferencia de una pantalla que lo aleja cada vez más de su zona de confort y lo hunde progresivamente en una sensación de descontrol de su propia realidad.

¿Nos podemos hacer cargo de eso o seguimos avanzando?

Quien se adapta sobre vive; pero no todo futuro es positivo, sin dejar un costo en su pasado.

Rafael Chávez S.
Director / El Diario Diseño.