El dilema del secuestro estético

April 19, 2021 3:49 am Published by

mano-lapiz-rojo-atado-cuerda-by_@spukkato

Quizás te paso más de una vez, donde te viste en la situación de ser el “creativ@” de la familia, excusa por la que te tocaba poner los adornos de navidad o envolver los regalos, como si el estudiar diseño o ser ya un profesional del diseño, te imbuyera de un “poder místico” que hiciera de ti un experto en cosas de estética y buen gusto cuando de hacer alguna actividad manual se trata. ¿Por qué esa idea?

El diseño nació indefectiblemente unido a la empresa durante la primera revolución industrial y desde ese momento y década tras década, su entendimiento utilitario se fue pervirtiendo sistemáticamente, hasta llegar a su punto álgido con el styling en los años cincuenta, donde la idea de la forma sobre la función lleno los hogares de post guerra mundial, regalándonos una idea del sueño americano, de abundancia y de progreso social a través de tener todos los productos que podíamos soñar.

El marketing no se quedó atrás y respondió potenciando el deseo de los consumidores por cosas lindas no necesarias, pero que había que tener porque podías no porque las necesitaras; una jugada maestra que guía nuestros mercados hasta el día de hoy y la principal arma para dar movilidad a los mercados. Compra, compra que el mundo se va a acabar…y mientras más producimos, más lo acabamos.

Setenta años después y en pleno siglo XXI, la idea implantada en los cincuenta logro marcarse a fuego en nuestras mentes. La necesidad de lo innecesario es una forma de vida, de movilidad de mercados, de movilidad social por estatus, pero nunca, nunca de valor.

El diseño sigue entrampado en una posición estética incrustada en el inconsciente colectivo de los consumidores. Aun nos cuesta separar la idea de valor de la de precio y costo de un producto, en una sociedad de consumo donde el triunfo de la codicia por productos estéticamente valiosos, de modas pasajeras y de tendencias auto designadas por el mal marketing, han llenado el nuevo concepto y precepción del lujo, la calidad y lo que es diseño.

No culpo al marketing por tratar de hacer su trabajo; cuando no tienes valor que entregar con un mal producto, no te queda mas que tentar al consumidor con ideas arquetípicas y estereotipos preconstruidos que te hagan consumir lo que deseas y no necesitas, pero que te vale madre reconocer que es así “porque hay que tenerlo”.

Lamentablemente el “buen diseño”, sigue siendo entendido como el diseño de autor, de sillas y accesorios y mercancías fútiles y no de los cientos de buenos productos y servicios que, en otras áreas como la comunicación, la salud, el transporte, las energías, telecomunicaciones y un largo etcétera, están entregando verdaderas soluciones y salvando vidas.

La idea de diseño en las mentes de muchos diseñadores sigue sufriendo de un síndrome de Estocolmo, enamorado de su captor y siendo sumiso ante los deseos y demandas de más diseños inútiles, de harta chuchería de todo a mil y procesos de dudosa calidad y peor procedencia, solo por el afán de ser deseable, ganar mucho dinero y las ansias de un reconocimiento dentro de los grandes nombres de diseño por ese objeto que todos quieren tener.

¿Hasta que punto tenemos la culpa de todo esto? ¿Podremos salir de este circulo vicioso de la estética auto secuestrada? ¿Podremos hacerlo antes de que sea tarde para el planeta?

Creo que sí. Estoy seguro de que conocen a diseñadores con buenos proyectos y nada de financiamiento o que han postulado a esos fondos donde pierden por “poco innovadores” mientras ganan los mismos de siempre.

Es nuestro deber cambiar el foco y la percepción, no esperando que el gobierno de turno se de cuenta de lo valioso del diseño. Si no entendiendo y validando con proceso la simple ecuación diseño=valor como parte de nuestro que hacer entes de comenzar un nuevo proyecto.

El primer paso lo das tu.

Rafael Chávez S.
Director/El Diario Diseño