Comoditizar la profesión.

December 14, 2020 3:33 am Published by

A group of businessmen being controlle

Un error grave y cada vez más común, es el de convertir sin saber al diseño en un bien a ser procesado, antes que darse el tiempo para conocer cómo se gesta el valor de este como un medio para entregarlo a los demás.

Muchos jóvenes colegas – y otros no tanto- buscan con desesperación el consejo sobre como cobrar un trabajo en la fuente -quizás- más abundante y -sin su culpa- menos confiable de todas: San Google y sus acólitos, los foros y grupos de redes sociales, donde abunda la opinión y falta el criterio de quienes sin entender de fondo y solo de forma, parecieran hablar lindo a la galería y predicar sin mayor prejuicio sobre lo que es justo y necesario, como si tuviéramos que luchar por revindicar la justicia que nos es negada por un mercado que nos infravalora solo por ser diseñadores.

La verdad es un poco mas sencilla y compleja al mismo tiempo; los diseñadores que avalan este tipo de información son parte del problema y no de la solución, ya que antes que reclamar pago justo y reconocimiento, hay que saber defenderlo con base, conocimientos sólidos y entendimiento del mercado, para determinar el “valor” que se crea antes que el precio que se cobra.

Precio, valor y costo parecieran ser los jinetes del apocalipsis del diseño. El no saber diferenciarlos es parte del problema de quien se inflama de ánimos reivindicatorios, ante las palabras de cualquier gurú que da las fórmulas mágicas para el cobro de un trabajo, conminando a todos a exigir lo justo, como si alguien nos hubiese quitado el pan de la boca o como si todo trabajo de diseño fuese por defecto un necesario objeto de abuso por parte del mundo que nos rodea y que sueña con vernos caer, como si de un enemigo se tratará.

Lamentablemente lo que no te han dicho es que el costo no es la única forma de calcular un precio y que debes necesariamente, vincular tu trabajo proyectual e intelectual a todo lo que haces. Parece obvio ¿no?

Entonces, ¿Sabes que ofreces? ¿Cuáles son tus ventajas competitivas y comparativas ante la oferta actual? ¿Cómo entiende tu cliente el valor de lo que haces y ofreces? Para muchos es más fácil fiarse de las opiniones de alguna red social sobre cuanto debería cobrar o si su trabajo es adecuado al encargo, como si la validación del medio fuese más importante que hacer un brief detallado…eso si saben lo que es un brief.

Definir costos es fijar un piso, una referencia, que no es capaz de demostrar de forma estandarizada la calidad, el valor, la experiencia y el conocimiento de cada diseñador en el mercado, es un parámetro personal que no debe, ni representa a una profesión ni a los resultados individuales de sus integrantes.

Es por esto que el “precio base” sumado a una incapacidad generalizada de demostrar y definir las ventajas competitivas del trabajo, hacen que las plantillas, las tablas de precios y la referencia, sean el credo en la boca de cualquier profesional que no es capaz de valorar su trabajo- y así mismo- y solo le pone precio a una tarea que muchas veces es incapaz de definir y defender en palabras propias.

Nuestra falta de fondo, de teoría y conocimiento de la epistemología del diseño es una sombra que se cierne sobre nuestra profesión, que la hace laxa y confiada en los programas que hacen el trabajo de procesar en gran parte lo que se ha transformado en una acción mecánica y carente de un sentido más profundo y que hoy se toma como regla común.

Muchos pensarán que son criticas banas de un purista retrogrado; pero no pueden estar más equivocados; muestra de ello es la situación que pretenden defender quienes se siguen validando en que las escuelas no le enseñaron a cobrar o en la incompetencia del mercado y la ignorancia del cliente como fuente de todos los males, antes que instruir en sus falencias.

Nuestra misión es partir por valorarnos para saber con razón cierta cuanto cobrar, es conocer la base teórica del porque hacemos lo que hacemos y del cómo lo hacemos como argumento para poder educar al cliente y que el cobrar por diseño, no lo transforme en una materia prima más, incapaz de agregar valor a una industria o calidad de vida de quien tiene un problema y de seguir siendo tratado como una.

El diseño no es un commodity, así que deja de pedir respeto por una profesión a la que insistes en seguir tratando como materia prima. Eso solo te convierte en la maquina que la procesa y no en el ser humano que le da valor.

Rafael Chávez S.
Director/ El Diario Diseño.