La paradoja de la piscina vacía; o del miedo a diseñar el futuro

October 19, 2020 12:21 am Published by

salto

Inherente a la condición humana es la actividad de diseñar. Desde siempre el ser humano ha tratado de amasar y remodelar la naturaleza a su alrededor, sometiéndola a sus propias necesidades. Es a este acto evolutivo del entorno al que denominamos designar o proyectar el futuro de “algo” para ir mejorando sus prestaciones, actualizándolo a las nuevas condiciones del entorno y siendo parte de la voz de un sentir social que necesariamente va complejizando sus maneras de relacionarse, entenderse y solucionar los mismos problemas que arrastra desde sus primeros años en una caverna.

El diseño ha implicado su existencia a una relación intima y directamente proporcional a su tiempo, pasando de ser un “arte” atribuible al artesano, hasta convertirse en una herramienta que se liga estrechamente a las emociones, fabricación, gestión y procesos de valor entre otros muchos elementos que la hacen parecer por ratos algo quizás mas difuso que la idea básica de la aplicación estética con la cuales muchos lo simplifican.

El diseño es una herramienta de proyección aplicada a necesidades y personas específicas, capaz de cambiar realidades. Una de sus mayores virtudes es la de poder mutar con los tiempos y mantenerse en una constante evolución que le permite ir agregando valor a las soluciones que plantea y, si bien el diseñar es inherente a todas las personas y profesiones; es deber aun mayor de los diseñadores a secas, de tener una absoluta claridad de la finalidad y poder de la aplicación de su herramienta de trabajo.

Hoy nos enfrentamos a una opción pocas veces vista de modificar participativamente nuestro entorno, tomando la voz de los usuarios para evolucionar un producto que entendemos se debe actualizar y aun así hay quienes creen que mantenernos tal cual es la mejor opción.

Sin el ánimo de hacer proselitismos políticos ni usar y abusar de este medio en beneficio de mis ideas, me cuesta entender como diseñador – más allá de una preferencia política- el porque quien tiene la opción de diseñar algo nuevo debería tener que oponerse a la mera opción de ver una propuesta. Confiar en lo existente es una reacción normal para quien se siente seguro con el funcionamiento de lo actual, ¿pero puede un diseño soportar el paso del tiempo sin cambios?

Son pocos los productos que lo han logrado, llegando a su expresión máxima en la relación forma, utilidad y menos los que han soportado incólumes el paso del tiempo y aun así han podido ser mejorados, actualizados o derechamente reemplazados por otros que cumplen la misma función de forma mas eficiente, como nuestro amigo el clip.

Es común escuchar la analogía de “tirarse a una piscina vacía”, aludiendo a la incertidumbre propia de cualquier potencial cambio, pero como diseñador sigo siendo de la idea que, aunque no quiera necesariamente cambiar algo, igual seria interesante el ver una propuesta de actualización para poder comparar ¿No les parece? ¿Cuántas veces tenemos la opción de co-crear un diseño?

Si aun tengo la opción de negarme a la nueva propuesta, no debería tener miedo a poder al menos entender cuales son sus razones, mejoras, propuestas y formas, antes de negarme de plano. Solo revisando una propuesta se puede tomar una decisión al respecto, antes de negarse de plano sin dejar opción. ¿Será el nuevo diseño mejor, mas moderno, justo o accesible? No lo sabemos; pero tampoco pasará si siempre nos negamos a cambiar.

Ser diseñador y negarse al rediseño, es una contradicción poética.

Rafael Chávez S.
Director/El Diario Diseño