Encontrón de dos mundos

October 13, 2020 10:45 am Published by

colon

12 de octubre, despunta el día y entre la bruma del horizonte parece divisarse el objetivo que por meses de encierro ha dibujado en su mente todos quienes han emprendido este viaje. ¿Habremos llegado al final? ¿será este el momento ansiado por todos? El grito del vigía despierta de improviso a los impacientes tripulantes: ¡Ya podemos abrir los malls!

Gritos de júbilo y una alegría generalizado se apodera de todos; al fin se hace real ese día soñado; la quimera es real, hemos llegado a la tierra prometida, al paraíso, a la reactivación, a recuperar lo perdido en meses de viaje a la deriva en un océano agitado y lleno de incertidumbres.

Hoy desembarcan llenos de espejos y baratijas, intentando sorprender a los consumidores melancólicos de los tiempos de normalidad y grandes ofertas. Fase uno dos o tres, volver a los colegios y universidades, volver al trabajo presencial; todo es parte de la vorágine de una normalidad que pretende ser la salvadora de la economía, de un estilo de vida, de la supremacía de del retail.

Pero la verdad es totalmente distinta y quienes parecían ignorantes y fáciles de sorprender ante espejos y baratijas brillantes, aprendieron a consumir, a dominar los medios para hacerlo, a demandar precio, calidad y valor por sobre la cantidad vulgar y predecible de las promociones de antaño.

Hoy los conquistadores del nuevo mercado deben entender a sus consumidores empoderados, a vender certezas sobre el valor prometido y no solo una promesa de valor agregado que muchas veces son incapaces de cumplir. El marketing y la publicidad ya no arreglan una propuesta de valor deficiente; no al menos por mucho tiempo.

Los mercados cambiaron por los consumidores, los modelos de negocios cambiaron por la emergencia, y las empresas se actualizaron por emergencia. Son escazas las empresas y pymes que habían comenzado un cambio consiente de sus modelos, gestión, estrategia y herramientas antes de que “la necesidad creara el órgano” nos enfrentamos a empresas reactivas y no propositivas, intentando estar “en onda”, cuando son la antípoda de cualquier tipo de progreso.

Hoy el 90% de las pymes no esta ofreciendo nada mejor de lo que tenia hace cinco meses cuando todo comenzó; la mayoría solo rebaja la depreciación de su stock retenido a los mismos productos y servicios que no tuvieron la forma ni la inteligencia de vender bajo un nuevo formato. Siempre será más fácil caer en un océano rojo, antes de siquiera pensar en gastar tiempo en idear nuevas formas que, aunque sea vendiendo lo mismo logren crear un valor diferencial para los antiguos clientes a la vez que fidelizan a los nuevos ampliando su mercado.

Pareciera que el diseño solo sirviera para algo especifico, agregar valor y no crearlo. Si hasta este punto no sabes la diferencia entre los dos, es que solo piensas que estamos haciendo del mundo un lugar mas bonito, no con una mejor calidad de vida.

Se puede vender lo mismo de forma distinta, se pueden crear experiencias ofreciendo un mismo producto que fabricas hace años, pero ¿Podrán los oferentes crear productos que evoquen la sorpresa y la creación de valor por parte de sus clientes objetivos en un mercado que ya parece haber agotados su fórmula? ¿Seremos lo suficientemente inteligentes como para no obnubilarnos con baratijas brillantes disfrazadas de innovación y nuevo valor?

Solo el tiempo lo dirá, por lo pronto hay que estar preparados para los efectos de un choque de realidades en la que estamos seguros de que en esta ocasión no nos tocará perder.

Rafael Chávez S.
Director / El Diario Diseño