Cuando el tamaño sí importa

August 24, 2020 1:26 am Published by

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En tiempos de crisis al parecer los únicos que están ganando terreno son los inevitables gurús del marketing, management, publicidad, diseños efectivos y otras tantas malas hierbas que se niegan a morir y que cobran fuerza en la desesperación de las personas sumidas en un callejón sin salida llamado nueva realidad/pandemia.

Dar consejo no está mal, dar apoyo no está mal, pero aprovecharse del pánico sí. Para muchos, todos estos salvadores de último minuto, parecen ser la última opción a un negocio que se niegan a abandonar. Ya les ha costado demasiado tiempo, dinero y vida como para que de la noche a la mañana la decisión fría se botar todo por la borda y tirar la empresa a quiebra sea una opción válida.

Pero como en todo orden de cosas, debemos comenzar a separar las aguas de la realidad innegable y los sueños y deseos más profundos. No por querer más a tu empresa o negocio, harán que este pueda surgir y adaptarse para sobrevivir a una nueva forma de hacer las cosas.

Es entendible que para muchos la solución más “rápida” sea la “inyección de capital” u otra forma menos cruenta de llamarle a endeudarse con algún tipo de préstamo o prestamista que saldrá más caro que venderle el alma al mismo diablo en persona.

Cuando todo se ve negro es cuando comenzamos a desconfiar de nuestros instintos y comenzamos a desvirtuar la realidad de lo que algunas profesiones pueden realmente aportar a que podamos salir del paso de situaciones graves.

Profesiones como el diseño, el marketing, la publicidad pueden efectivamente potenciar negocios, mejorar las ventas, definir públicos objetivos y crear mejores ofertas, más específicas y creativas que se adapten a una situación como la de una pandemia; pero eso toma tiempo y costo y ahí es donde nuevamente volvemos a cero, ¿si no tengo como parar el negocio, como me voy a gastar la plata en algo que no me puede asegurar resultados?

La desconfianza particularmente en el diseño nace de esa santa trinidad entre ser entendido como algo caro, que no puede demostrar efectividad y una profesión superficial basada en la estética y no en la función y menos como parte de una propuesta de valor.

Es ahí donde crece el caldo de cultivo para quienes se aprovechan de estas brechas de confianza y debilidad para ofrecerse como los salvadores del mundo. ¿A quién no le maravillaría alguien que por poca plata te ofrece los cinco consejos para aumentar tus ventas el triple? A nadie.

De un tiempo a esta parte y con mayor razón hoy en día, se han reflotado muchos conceptos de mercadotecnia y diseño que parecieran ser las soluciones para un mercado nacional y mundial alicaído. Nos hablan de Hojas de ruta, de Customer relationship management, de transformación digital, de marketing 3.0, de diseño emocional, de diseño de experiencias entre otras, pero no caemos en algo obvio de todo esto: tenemos un problema de escala.

Muchas de las estrategias, metodologías y formas de administrar un negocio desde la teórica económica, de marketing o diseño, son aplicables en una escala distinta, en empresas grandes, con cientos o miles de empleados, y que necesariamente requieren de altas sumas de dinero y tiempo para poder implementarse. Tenemos un problema en donde el tamaño sí importa y pareciera que a nosotros no.

Somos un mercado que tiene una predilección por este tipo de herramientas, donde pareciera que nos estamos quedando atrás si no adoptamos con rapidez el nuevo término de moda, aunque no lo entendamos o sea otra forma más rebuscada de llamarle a lo mismo que ya hacíamos y no muy bien.

La esclavitud mental que tiene nuestra sociedad ante la necesidad de estar en la onda es casi enfermiza y uno de los tantos factores que validan a todos los gurús – que no sabemos porque- no son millonarios aun o tienen una empresa multinacional con todos los secretos milenarios que dicen saber aplicar.

En un país de ciegos el tuerto es rey y al parecer el miedo a lo incierto nos ha cegado de entender nuestra realidad y poder actuar con la cordura de analizar nuestro entorno y tener la disposición al temido cambio.

Todo el que se niega a morir en su actual forma – o rubro- quizás no está preparado para renacer desde abajo fortalecido. Amamos tanto lo que tenemos que hemos preferido hipotecar el alma antes de perder lo poco que aún nos queda, sin entender que nos estamos perdiendo en el proceso.

Muchos te pueden decir que hacer. Habiendo conocido a muchos salvadores y gurús del mercado, aprendí algo simple; sí quien te daba el consejo lo había aplicado y le había resultado, eso es un buen parámetro para saber a qué tipo de “experto” le estoy prestando atención.

La vida sigue, quizás sea lo último por lo que podamos estar agradecidos; eso sí que vale la pena.

Rafael Chávez S.
Director / El Diario Diseño