El cliente nunca supo de razón

August 10, 2020 4:23 am Published by

 

cliente

El viejo aforismo “El cliente siempre tiene la razón” se forjó en una época y un modelo de mercado donde con tal de vender las empresas hacían lo posible en que gastarás todo tu dinero en algún producto o servicio con tal de dejarte contento.

Con el tiempo esta práctica dominada por quienes desarrollaban productos carentes de valor, pero llenos de Stilyng se transformó en una norma no escrita de la industria del diseño y en un mantra para cualquier cliente indeciso, pero empoderado en su postura de “mandante” de un proyecto: “Si quieres mi dinero, haz lo que te digo”, una propuesta bastante prepotente para quien lo único que tiene claro la mayoría de las veces es que quiere tener lo que esta de moda y que se vea igualito a lo que todos quieren.

Es así como hoy es común ver que el sentido del valor y de utilidad se han ido perdiendo proporcionalmente al crecimiento del concepto de “diseño” en sus distintas especialidades. Todo cliente que aprendió del mercado que el diseño era solo estética- entendida, como lo que le gusta a la gente- se vio beneficiado de un mercado de diseño nacional deprimido por la excesiva oferta de nuevos diseñadores en busca de trabajo y aprovecharon su postura para contraatacar.

La reacción no se hizo esperar y en vez de subir la apuesta, diseñadores, publicistas y un cuanto hay de creativos y sus carreras afines, entraron a la pelea sucia del logo a mil pesos, la web a cinco mil, etc. (1.25 y 6 USD aprox.) y otras prácticas poco éticas y dignas de la pelea canera más vil.

Para algunos colegas, esto da lo mismo, ya que siguen creyendo – igual que yo en el viejo pascuero- en que el mercado se auto regula, y que finalmente quien valora su trabajo se hará pagar lo justo por él.

La verdad es bien distinta y, hoy en un mundo con pandemia y en un país como Chile, donde el mercado y la profesión del diseño han sido siempre una sombra de las ideas de mercados extranjeros; el poder autorregularse o intentar demostrar valor es una tarea bastante difícil para el común denominador de los profesionales freelance en un mercado con precios referenciales muy difusos.

Los que lo han logrado, no son mejores o peores diseñadores, sino que han tenido – dentro de todo-la “fortuna” de dar con clientes conscientes de lo que pagan por lo que reciben y, del saber que trabajan con otro ser humano tan necesitado de pagar las cuentas y de comer como ellos mismos.

Hasta el día de hoy no se si es misión de los diseñadores el educar a sus clientes, ya que si seguimos en un mercado saturado donde algunos regalan su trabajo por necesidad, claramente no se darán el tiempo para esta tarea extra, y claramente quien paga eso no está mínimamente interesado en que nadie le venga a decir como deben ser las cosas, porque sabe que como cliente tiene la razón y que esos mil pesos le dan poder y derechos sobre 100 años de diseño y que ese tan Walter Grupius debería venir a presentarle unas 30 propuestas originales a su casa rogando por su aceptación.

Creo que lo que nos queda por hacer, aparte de aprender a valorarnos y perderle el miedo al fantasma de la cesantía del diseño y todos los males atribuidos a nuestra profesión, es aprovechar a esos buenos clientes que hemos tenido para comenzar a cimentar una nueva mentalidad de mercado, de precio/valor y respeto a todo quien te puede ayudar a ser mejor en lo que haces y complementar el valor que entregas a los demás. Entender que el diseño aporta valor a lo que hago para otros, es la base del beneficio social que nuestra profesión posee en sí misma.

Olvida a los que regalan su trabajo; si quieres algo mejor demuéstralo con tu trabajo y no solo con promesas. Porque si no la diferencia entre tu trabajo y una promo de hamburguesa de $990 serán lo mismo a los ojos de todos (y al menos la promo te avisa que el producto no es igual a la foto).

¿Seguimos esperando razón de quien no tiene porque tenerla o comenzamos a dárselas con acciones? La decisión es tuya.

Rafael Chávez S.
Director El Diario Diseño