Fatamorganas de diseño y valor

July 14, 2020 3:13 am Published by

 

cinetico

Si la cantidad de productos innecesarios en el mercado son la representación de la cultura de consumo y del enfoque mercantilista de una sociedad, entonces el diseño es sin duda su gestor material e intelectual.

Por muchos años nos hemos encargado de darle la razón al modelo económico neoliberal de mercado que bajo políticas hechas a la medida logró su mayor apogeo en tierras nacionales, modelo enraizado en nuestra forma de vida; porque siempre será oportuno, tener a disposición cualquier producto que necesites y más si lo puedes obtener desde la comodidad de tu casa y mediante una aplicación en tu teléfono.

El mercado actual nos ha achanchado e hizo de la comodidad, la droga más dura y adictiva que podríamos haber imaginado. Ya no concebimos el mundo sin su utilidad y facilidad y los diseñadores le dimos la razón y sustento.

Ya muchos olvidaron la diferencia entre diseñar para entregar valor y diseñar para generar placer en el consumidor, logrando desvirtuar la idea de calidad de vida, con productos descartables de corta vida y mucho impacto ambiental. ¿Pero que importa si podemos hacer más?

Es más satisfactorio diseñar algo que te gustaría tener, que diseñar algo que necesitas tener, y no solo por vanidad, si no por ese placer hedónico que nos provoca el poder tener y presumir cualquier producto por mínimo y suntuario que sea.

Nos hemos sometido por mucho tiempo a una idea de mercado que terminó por poner las reglas de la estética del consumo, las reglas de la publicidad y la necesidad del diseño en todas sus variantes. Ahora necesitamos un teléfono nuevo, antes que comunicarnos de mejor manera, como si pudiésemos escindir forma de función y elegir qué parte del objeto es más importante, su estilo o su utilidad.

Ya no diseñamos por nosotros mismo sino para una idea de perfección impuesta a fuego por un modelo económico carente de cultura y significado propio que muy de tarde en cuando usufructúa de signos y símbolos propios para generar una empatía momentánea y sacar un provecho comercial.

Hoy el foco ha cambiado por un momento, y nos ha dado el aire suficiente para comenzar a darnos cuenta de que las necesidades hacen al mercado y no al revés, que el contexto modifica los productos y que los usuarios son la fuente real de las necesidades y sus variables específicas, aunque muchos no lo sepan.

Hoy cuando el mercado se inmoviliza por la pandemia, podemos entender que por más que deseemos tener algo, hay necesidades mas importantes que satisfacer y que la calidad de vida comienza a hacerse visible nuevamente, tras el brillo de los productos suntuarios que nublan nuestro sentido común de supervivencia.

Si bien no podemos buscar el respeto de la profesión por su costo en el mercado, hoy nos podemos dar cuenta que ni un abogado ni un ingeniero ni un médico, podrán generar tanto valor por si mismos, como la profesión del diseño lo está haciendo por miles de personas desde sus casas.

¿Nos servirá esta experiencia para volver a valorar la esencia de nuestra profesión o es solo un espejismo en lo lejano del camino? Espero que sí, porque vivir sin diseño sería imposible, pero vivir sin su valor sería impensable.

 

Rafael Chávez S.
Director / El Diario Diseño