Volver al futuro

July 1, 2020 4:46 am Published by

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1969 fue el año que tocamos el cielo y supimos que no era el límite, el año en que no quedo duda que cualquier sueño era posible y que de la idea romántica de dominar la ciencia y la materia culminaba la década haciendo realidad lo imposible; poner al hombre en la luna. Éramos invencibles…fuimos invencibles.

Las cinco décadas que siguieron, solo nos demostraron que, de todo avance tecnológico e industrial se podía hacer un buen negocio. Y ya que el velcro, las bolsas plásticas y los bolígrafos desarrollados para una carrera espacial habían sido un gran avance, no podían desperdiciarse solo en los astronautas.

Nos encargamos de hacer del sueño de una generación, el modelo de negocio predominante de las décadas siguientes, en donde el sueño americano se podía exportar y hacer olvidar con la idea del espacio exterior, cualquier necesidad mundana.

Saturamos el mundo de plástico, de productos innecesarios y de mucho brillo que nos obnubiló, hasta el punto de siquiera tener una vaga idea de cuál había sido el sueño que estábamos compartiendo, nos quedamos sin una meta, sin un fin y sin un sueño común.

¿Cuál es el sueño de nuestra generación? ¿Cuál es nuestra lucha? ¿Conocemos su forma, fondo y finalidad? Las cosas han cambiado y hoy celebrando otro día mundial del diseño industrial (por la creación de ICSID) -actual World Design Organization- lo hacemos sin torta, sin velas, sin confeti…encerrados en casa y con el diseño industrial más deprimido que nunca y con el velo oscuro del desplome financiero rondando su magullada existencia, e intentando romper su nexo simbiótico con el mercado de productos.

Hoy nos hemos tenido que replantear todas estas preguntas y, más que proyectar una meta generacional o un sueño común, hemos intentado responder a la medida de nuestras fuerzas a la velocidad vertiginosa con que las condiciones de los entornos se han ido sucediendo.

Desde un estallido social, un virus mortal, inundaciones y sequías, el diseño y sus métodos han debido volver al origen, replanteando su definición, su forma de producir, y su ecosistema entero.

En 1969 la definición de diseño industrial decía esto:

“El Diseño industrial es una actividad creativa cuyo objetivo es determinar las cualidades formales de los objetos producidos por la industria. Estas cualidades formales no sólo son las características externas, sino que son principalmente aquellas relaciones entre lo estructural y funcional que convierte a un sistema en una unidad coherente tanto desde el punto de vista del productor y el usuario. El diseño industrial se extiende para abarcar todos los aspectos del entorno humano, que están condicionadas por la producción industrial.”

¿Cuánto ha cambiado el diseño desde esa definición de 1969? ¿debería ser la misma?

Hoy vivimos de un diseño -en general- tratando de subsistir como profesión, ante la mirada atónita e incrédula de quienes han comenzado a descubrir en sus propias habilidades, la capacidad de producir lo que antes pensaban imposible.

Las organizaciones civiles, han comenzado a redefinir la capacidad productiva, dando más, mejores y certeras soluciones a una pandemia que ha puesto al estado en un modo reactivo más que propositivo. Hoy desde un país sin industria ni diseño industrial asociado a ella, estamos finalmente diseñando y produciendo más que en sus mejores tiempos a comienzos de los años setenta y, si bien no son los años dorados de IRT con su televisor Antu, o de Fensa con la estufa Foguita, hoy orgullosamente los diseñadores industriales -y no industriales- estamos marcando, quizás sin saber, el resurgimiento de la nueva industria nacional.

No es necesario viajar al pasado buscando ideales, cuando hoy en nuestras casas tenemos el desafío más importante hacia el futuro; sobrevivir una pandemia con diseño hecho en casa 100% made in Chile.

Nunca olvidar; el modo cambia, el diseño permanece.

Rafael Chávez S.
Director/ El Diario Diseño.