La melancolía de un diseño.

June 15, 2020 3:27 am Published by

melancolia

Muchas cosas han cambiado en el diseño y hay otras que nunca deberían hacerlo. En la vorágine de los tiempos actuales pareciera que es más necesario que nunca el recordar que el diseño es esencial para la convivencia democrática y el desarrollo espiritual de la sociedad que se representa y beneficia de su mensaje, utilidad y valor.

El diseño es un bien; no de consumo, sino común, ya que en su mercado profesional no solo se transa un proyecto, sino un pedazo del alma que va ahí dentro y que es necesario para denotar y hacer sentir el valor creado a quien se beneficia de su utilidad.

Los tiempos actuales nos ha dado la oportunidad de reflexionar y han evidenciado que un mercado de productos y servicios es la forma, pero no el fondo de cómo se desarrollar la profesión, ni el libre mercado y su exclusiva y excluyente forma de transar la utilidad de un producto hacia quien lo necesita, ya que sin haber duda de la necesidad de variados productos y servicios, hoy nos urge más la forma de obtenerlos desde el encierro, que el saber que podemos contar con ellos por algún medio o que podremos desarrollarlos nosotros mismos.

El miedo al colapso del mercado tradicional, sumado a los indicadores económicos, proyecciones de crecimiento negativas, la quiebra de pymes y la cesantía acumulada, se ciernen cual oscura noche sobre cualquier esperanza de volver a una forzada nueva normalidad donde todo se recupere tal como antes.

Las cosas ya no son como antes, así que no podremos volver a ninguna normalidad. La nueva economía social es la clave de un diseño que ya no debe pensar en abarrotar los anaqueles de las tiendas para satisfacer las banalidades –muy justas, por cierto- de cualquier consumidor que tras el encierro desee volver en tropel a llenar los malls de su preferencia.

No tenemos claridad si surgirá algo nuevo o volveremos a los viejos hábitos de consumo; solo puedo avizorar que para muchos nació el germen de la asociatividad, crecieron oportunidades que cambiaron la mentalidad de un mercado acostumbrado a validarse entre los vaivenes de las cifras mundiales y su consecuente miedo.

Hoy el diseño sigue vivo; mientras existan necesidades y la forma de solucionarlas y de mejorar las formas ya existentes por unas más eficientes, eficaces y alineadas a los avances de la técnica y la tecnología de los tiempos, hay que animar la esperanza en la oportunidad. Los tiempos cambian y las mentes junto con ellos.

La profesión del diseño va a sobrevivir transándose en el mercado, pero ya no como antes. Y si bien, los problemas no se van a acabar, tampoco es tiempo de sacralizar el diseño como una solución definitiva para todos los problemas; ya que es una profesión que se nutre de lo humano y de su infinita e imperfecta capacidad de entendernos.

Los diseñadores avanzamos según los tiempos e intentamos; sin intención de predecir el futuro, de hacernos cargo de las incertidumbres que hoy como a todos nos agobian. No somos la respuesta final, pero si un camino valido para comenzar a plantear las respuestas que serán la base de las soluciones del futuro.

El diseño es el resultado de la proyección del futuro imperfecto y de la insatisfacción de los resultados que nuestra propia condición humana nos pone como seres limitados en su proyección en el tiempo. Ningún resultado es definitivo, todos los productos y servicios serán necesariamente factibles de ser mejorados, rediseñados, evolucionados e innovados a medida que el tiempo y las mismas necesidades que los hacen nacer, se vallan complejizando en el tiempo.

No debemos sentir melancolía de una antigua forma de hacer y transar diseño, el diseño va con los tiempos, y si ya existiera el diseño perfecto, no tendríamos nada más que diseñar.

Gracias bendita imperfección.

Rafael Chávez S.
Director El Diario Diseño.