El diseño invisible

March 23, 2020 11:16 pm Published by

empatia

“El diseño se centra en el usuario, y ayuda a transformar situaciones existentes en situaciones mejores” –Jorge Frascara.

 

La paradoja se ha cumplido; quienes hacemos un diseño centrado en la gente debemos aislarnos de ella para poder seguir diseñando.

Es difícil “imaginar” las necesidades de otros sin vivirlas y contextualizarlas a su espacio propio, pero es quizás esta paradoja la que nos ha de convertir en nuestro propio usuario, cliente y beneficiario.

Para nadie –supongo- es agradable vivir encerrado, menos si es un encierro obligatorio y menos aún, que si no lo cumples está en riesgo tu vida y la de tu entorno. Hoy por necesidad nos convertimos en nuestro propio nicho de mercado, lleno de necesidades del mundo exterior en un espacio confinado. Y aunque para algunos sea agradable y hasta una segunda vacación, no es nada más alejado de eso.

La primera clave que debemos entender del comportamiento humano, es que sí solos nos comenzamos a volver insoportables, imagínate viviendo con más personas quince días son una sentencia en el infierno de las individualidades, súmale a eso las características de cada acompañante; niños pequeños, ancianos, gente enferma, la cosa se pone cada vez más complicada.

Se supone que convivimos con la generación mejor adaptada a este tipo de situaciones, una generación joven, híper conectada y que no tiene problemas a la hora de pedir comida, pagar cuentas, hacer compras y vivir a través de internet y sus teléfonos móviles. ¿Pero es tan así?

Resulta que la generación mejor adaptada, es también una de las que posee una más baja tolerancia a la frustración y aunque su vida dependa de la red y no se complique con el teletrabajo, tarde o temprano comenzarán a sufrir los mismos efectos que niños, ancianos y la gente con que convive. ¿Qué podemos esperar para los demás?

No es solo una cosa generacional. El espacio de confinamiento nos obliga a perfeccionar una de las características más esenciales del diseño y una de las más olvidadas por las empresas a la hora de desarrollar sus productos y servicios: La empatía.

Hace un tiempo satirizaba con el tema en un artículo, diciendo que las universidades comenzarían a aprovecharse de esta falta evidente de habilidades blandas para sacar un provecho comercial; ahora no me queda más que ser esclavo de mis propias palabras y darme cuenta de lo importante que debe ser el retomar la enseñanza de la empatía para poder diseñar mejor para los otros y a nosotros mismos como individuos.

La empatía es más que centrarse en el usuario, es un principio necesario para el éxito del diseño. Y debemos entender que tanto la empatía cognitiva –entender al usuario- la empatía emotiva –identificarnos con el usuario- y la empatía activa –que nos empuja a ayudar al usuario- son parte de un todo. Siempre nos encontraremos orientados a una acción y un futuro incierto que debemos resolver a través del diseño empático y centrado en el usuario.

Ya no es cosa de crear objetos, servicios o lo que sea; estos son solo los medios usados para alcanzar el objetivo de transformar una mala situación, en una mejor y beneficiar a la mayor cantidad de personas posibles.

Dejemos de ver, y comencemos a observar un entorno que nos pide ayuda a gritos desde nuestra propia casa. Aprovechemos de diseñar en una situación de la cual solo podemos salir fortalecidos como diseñadores y seres humanos, ante todo.

Partamos por casa.

Rafael Chávez S.
Director / El Diario Diseño

 


  • sebastian rodriguez cañete

    es el momento de pensar en diseñar nuevas herramientas a través de la tecnologia actual para mejorar servicios básicos.