El futuro que queremos

June 29, 2023 6:28 pm Published by

widd2023

Este Día Mundial del Diseño Industrial la World Design Organization nos propone la pregunta: ¿cómo podemos diseñar el futuro que queremos?

En medio de la creciente incertidumbre mundial sobre lo que se avecina, WIDD 2023 nos alienta a reflexionar sobre nuestras contribuciones de diseño colectivo y explorar cómo pueden impactar nuestro futuro compartido para mejor. Y la verdad es que después de una década en la educación de pregrado y ahora iniciando camino en la de post grado, creo tener la suficiente experiencia, para poder opinar sobre lo que YO creo, es la esencia del futuro que queremos.

Antes que nada debemos separar lo que queremos del diseño y lo que queremos de los diseñadores. Donde la premisa mas importante es la educación de este.

Sin la correcta educación del diseño, no es posible formar buenos diseñadores que por ende no podrán aportar de forma correcta al futuro de una profesión.

El futuro del diseño ya esta resuelto; sabemos cuales son los puntos críticos a desarrollar, conocemos las metodologías, reconocemos la importancia de un enfoque nuevo desde la estrategia holística, de soluciones sostenibles con un entorno contextual y del enfoque positivo centrado en un ecosistema más que solo en un usuario aislado.

Reconocemos la profesión como una amalgama convergente y humanista de la tecnología, el medio ambiente y la economía, ¿pero qué pasa con los diseñadores?

Hoy nuestro talón de Aquiles es la forma en que el estado, las instituciones y los nuevos alumnos de diseño, ven la carrera y sus aplicaciones.

Hoy por hoy, la dinámica del mercado, la inserción laboral y “algo rápido que me de dinero”, son las premisas de estos actores del ecosistema educativo, que pretenden obtener profesionales competentes para una visión del diseño, con la que aun no logran sintonizar de todo.

El estado fija ejes de desarrollo centrado en las oportunidades de futuro global, lo que guía las directrices de las carreras que son determinadas como “más necesarias” que otras. Desde 2018 Chile centro sus esfuerzos en la promoción de las carreras técnicas como un medio de escalamiento social para la clase media, donde sumado a la gratuidad y el impedimento de la selección para la educación superior, parecían derrumbarse todas las barreras para cualquiera que quisiera estudiar.

Y la verdad es que trabajando en una universidad que sufría por las matriculas en la carrera, esta noticia fue una inyección de ánimo, donde los cupos se llenaban por primera vez en años.

¿Cuál fue la realidad de esta política de estado? Deserciones en los dos primeros años de carrera por sobre el 30%. En lo personal tuve cursos que pasaron de 30 a 10 alumnos en cosa de semanas, ya que la gratuidad les permitía “elegir” entre varias opciones sin el temor a estudiar algo que no les gustaba, sin sufrir con el compromiso del pago.

¿Qué paso entonces con los alumnos? Muchos no terminaron ninguna carrera y los pocos que continuaron, venían con una base de conocimiento muy pobre, lo que sumado a una malla curricular con mínima exigencia y sin ramos claves como pre-requisito, desembocó en un pobre desempeño de estos alumnos en instancias superiores. ¿Es su culpa? No del todo.

Las instituciones, como ya mencioné antes, vieron en estas políticas su salvación; mucha matricula, ergo recursos garantizados por el estado. Ahora solo quedaba cumplir con la promesa de una educación a la altura, y es ahí donde se profundiza el problema.

Las instituciones de educación superior centradas en la clase media buscan una sana proporción entre tres factores: Matricula, cobro racional y permanencia del alumno, si uno de estos falla, la ecuación se desequilibra y el sistema colapsa.
Una forma de mantener este frágil equilibrio es la de mantener interesado al alumno en base al avance de este en la carrera, lo que lo compromete económicamente (o lo restringe, por la duración de la gratuidad) y lo obliga a mantenerse en la carrera, avanzando cursos y años, pero sin tener el desarrollo completo de sus competencias.

El sistema es derechamente canalla, es como quien te da un sobre giro en la tarjeta para que sigas pagando la deuda que sigue creciendo mes a mes. Con esto y sumado a las capacidades sociales, de salud mental y social mermadas tras la pandemia, obtendremos a alumnos cada vez mas incapaces de enfrentarse a desafíos mas complejos como los que el mercado esta esperando que puedan lograr y por ende buscar la visión de futuro que el diseño como profesión espera.

Entonces cuando nos preguntamos por el futuro del diseño, no solo debemos responder desde el deseo del hacer, sino por ca convicción del construir para cambiar, diseñar diseñadores es un trabajo que muy pocas instituciones han enfrentado con la debida responsabilidad social y todo lo que en su máxima expresión esto implica.

Tal como mencione en mi articulo anterior, creo que una política publica a nivel Ministerial, debiese ser la de instaurar un “bachillerato” o “college” tal como hace algunas universidades, donde los alumnos en el transcurso de un par de años logren el desarrollo y nivelación de su capacidades, logrando así ponerse a tono “humano” antes de iniciar ninguna carrera, que defina sus futuros.

La falta de tolerancia a la frustración, roce social y sentido común, aparejado de la seguridad de conocimientos básicos, hace que quienes se proyecten como profesionales, colapsen a la complejidad que les demanda un proyecto de título, paso primordial para validad las supuestas competencias adquiridas en los años precedentes y que se refleja en pobres propuestas, guiadas más por las tendencias de mercado, que por una real intención de resolver problemas complejos.

Un alumno al que se le dejo pasar para terminar un proceso, es un futuro desertor de su propio futuro y un aporte menos a la visión conjunta de una profesión que se desvirtúa cada vez mas en importancia, frente a otras “equivalentes” que tienen más interés y validación para quienes contratan sus servicios.

A la educación del diseño le hace falta una ruta clara y no un copiar pegar de visiones y misiones de otras universidades, o la adaptación de la metodología o programa de moda para parecer a tono con sus competidores.

Si no comprendemos eso, nunca tendremos el futuro que queremos, sino el que merecemos.

Rafael Chávez S.
Director – El Diario Diseño
Diseñador Industrial/Máster en Diseño