Conectar la realidad – Parte 2

June 5, 2023 10:00 am Published by

realidades

Tiempo ha pasado desde la primera parte de esta columna donde cerrábamos con la incógnita sobre la percepción del valor y las necesidades ante la visión de quienes lo creaban. ¿Ven nuestros alumnos la herramienta del diseño, tal como nosotros?

Claramente todo dependerá del entorno próximo que la sociedad y las familias de estos han creado ante sus anhelos; muchos son la primera o segunda generación en sus familias que pueden optar a la educación superior y claramente ven la herramienta profesión con otros ojos.

Convengamos lo difícil que es para cualquier persona que recién sale de la educación secundaria en Chile y que tiene opción de estudios superiores, elegir una carrera que parece mas una lista de imposiciones que una elección de vida y desarrollo personal, ya que; debe ser rentable, debes elegir una que te guste, que no dejes botada a la mitad – y te endeudes más o pierdas las becas- una en que te desarrolles profesionalmente y que ojalá, tenga campo laboral cuando salgas de la carrera.

La presión es alta y eso se demuestra claramente en los alumnos que me han tocado cada año: estresados, reactivos, poco tolerantes, emocionalmente inestables y cerrados a la interacción académica y con una urgencia casi somática de escapar pronto de la institución que los educa, para salir a cumplir las expectativas; muchas veces la de sus familias proyectadas hacia un mercado que no espera muchos de ellos, sino más bien exige sus capacidades con mucha irrealidad.

Dicho todo lo anterior, es fácil entender porque el nivel profesional – no necesariamente del diseño- es muy malo. Profesionales -en su mayoría- altamente frustrados, se colocan en cargos de responsabilidad que les aumentan sus falencias humanas y profesionales que ya arrastraban desde su periodo académico. Ahora que eres profesional, debes rendir, debes poner en practica lo que se supone sabes, y es ahí donde la reacción es – casi siempre- un rebote hacia las instituciones educativas: A mi nunca me enseñaron eso, es que tuve malos profesores. La continuación de un círculo vicioso.

Algunos de estos profesionales, se convertirán en docentes y, volverán a vivir esta presión, ahora desde quienes tienen la responsabilidad de enfrentarse a personas con una alta volatilidad y con actitudes cada vez mas reactivas hacia el aprendizaje, lo que será descargado en la figura del docente. Y no es un tema únicamente social o de la percepción del entorno y su cambio de mentalidad, sino mas bien la demostración empírica de la falta de educación socioemocional que las nuevas generaciones cargan desde sus hogares y escuelas, donde temas como el Ciber Buying, la intolerancia y burlas crueles a sus diferencias que van desde lo físico al género, los han convertido justa pero innecesariamente en personas predispuestas al choque, antes que seres dialogantes, fuera de una ideología que algunos repiten sin tener certezas sobre su fondo.

Después de una década como docente y casi dos como alumno, vuelvo a las aulas como doctorando y, más allá de la instancia y de replicar algunos de los temores propios de volver a una situación de ignorancia y exposición frente a lo nuevo, esto se compensa con la actitud que exuda el entorno en el cual me encuentro. Que tus compañeros tengan experiencia y claridad en una meta, pero que no intenten pasar por sobre ti para lograrla, entrega esa anhelada aura de seguridad que da la idea de la meta en común, donde existe otro tono y seguridad ante lo dicho; donde las criticas se toman como un aporte y donde se siente más cercana esa idea de comunidad que siempre fue difusa en la universidad, más allá de tu grupo de amigos. Claro que ahora con seguridad y veinte años más que la última vez.

Creo sin dudas que el sistema educativo debiese centrarse en la felicidad del alumno y no en sus expectativas, ya que la primera lo desarrolla como persona y la segunda es solo la espera de la validación de lo que las instituciones esperan de si mismas como entes prestadores de servicios y no como medios creadores de esperanzas.

Urge un plan común inicial de al menos dos años como bachillerato, que te desarrolle las habilidades del pensar, discutir, dialogar, crear y opinar de forma general, antes de elegir una carrera. Quizás solo así logremos romper este circulo vicioso, que solo cuenta sus éxitos en las cifras de egresados y porcentajes de empleabilidad, nada menos humano, para quienes dicen formar personas.

Rafael Chávez S.
Director – El Diario Diseño
Diseñador Industrial/Máster en Diseño